A Dios gracias, Diego Maradona está en la acera del frente. Me sentiría avergonzado de que este mercader del deporte y la política caminara en las marchas estudiantiles y de la sociedad civil. Es un honor que juegue en el once contrario. A fin de cuentas en este caso es muy fácil driblarlo por la debilidad de sus conceptos y la fragilidad de sus emociones, siempre reclinadas sobre las chequeras del mejor postor. De muy delgada personalidad, practicante de lo vulgar y deshonesto, el Pibe cae frecuentemente en los delirios provocados por sustancias tóxicas que en más de una ocasión lo han colocado al borde de la muerte. Uno prefiere recordar sus regates de fábula, sus pases milimétricos y sus goles inimaginables antes que sus absurdas opiniones políticas y la venta de sus conceptos a cambio de no pocos dólares.
NO hay dinero para nada en las desbordadas y desfalcadas arcas nacionales, pero vaya uno a saber cuánto le pagarán a Maradona por ser la figura evidente en las transmisiones del Mundial de Fútbol por Telesur. Suponemos que el castrochavismo confeso del idolatrado jugador no llega al punto de obsequiar sus comentarios, seguramente cargados de irritabilidad y descaro, todo propio de quien ha tirado por la borda en los puertos argentinos la fama que su pierna zurda le brindó.
LA autoridad moral de Maradona es hueca. Confinado por muchos delitos, cuestionado por desafueros diversos, vividor en exclusiva de su innegable caudal futbolero, ahora, cuando ya no lo quieren ver sino en películas, cuando nadie es capaz de contratarlo para que expulse sapos y culebras a favor de lo indecible, viene a refugiarse en los compañeros de sandeces y corruptelas. Es decir, está en el equipo que le toca, donde mejor puede gambetear contra la verdad y la probidad. Tan bueno en la cancha como absurdo y desfachatado fuera de ella. Oiremos cuantos autogoles meterá en el micrófono este chulo del fútbol.
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EN cambio, nuestros rutilantes embajadores peloteriles ahora son antipatriotas, burgueses, capitalistas, oligarcas, imperialistas y pare de contar. A casi todos se les ocurrió --- en mala hora según fuentes gubernamentales --- posar en grupos y rogando paz con un SOS --- palabra internacional de auxilio urgente que muchos no conocen --- para el país que los vio nacer y que les duele lo mismo que a nosotros. En el vulnerable cascarón de este gobierno cualquier piedrita resuena cual roca inmensa. Cuesta abajo en la rodada ---como expresa otro tango de vieja data inspirado por Gardel y Lepera --- el clan enquistado en el poder solo quiere anexos sin voz ni votos distintos a sus pareceres. Zombis políticos que aplaudan como focas y se rían de los peores chistes o las burdas actitudes de quienes creen que solo son los motorizados de este país los que merecen respeto.
PERO, qué va, los Cabrera, Vizquel, Galarraga, Hernández y compañía hicieron retumbar sus voces en Miraflores. Sus dólares, a diferencia de Maradona, los ganan en buena lid y se los pagan en Grandes Ligas porque son sobresalientes jugadores y no porque se aprovechan de quienes urgen de voceros calificados que no consiguen. No son precisamente unos Maradona que repiten cánticos y recitan necedades, estos que desde el norte, lejos de sus hogares de origen, claman únicamente por el cese de hostilidades, sin hablar siquiera de asesinatos y represiones. Pero la ruindad y los bajos fondos generan pieles sensibles al mínimo reclamo y a la más liviana crítica.
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DICEN que el Carnaval es bueno para esconder realidades. Detrás de las máscaras muchas veces bullen las personalidades reales, aflora el yo interno, cero inhibiciones. No hay dudas de que este lapso de vacaciones alargado por la necesidad de ocultamiento debe ser bien analizado por cada venezolano. Que cada conciencia diga si es tiempo de bailar, celebrar, ir a la playa, a conciertos. Un país que casi no trabaja se detiene para recordar fechas oprobiosas. Viene la cuaresma, pero el diablo se soltó antes.
Publicado en el diario EL IMPULSO de Barquisimeto
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