MI corazón me lo exigía y mi formación me obligaba. A un lado bates y pelotas para unirme al torbellino de protestas, voces que claman por justicia, gargantas que gritan la desesperación de perder el país. Nadie con un mínimo de orgullo y vergüenza puede ignorar lo que sucede. La tempestad se desata inclemente y amenaza con ahogarnos. Es la hora de definiciones al costo que sea. Es tiempo de sacudidas, de temple. Para no apartar el léxico deportivo, es el noveno inning de un juego muy serio.
NACIMOS periodísticamente en este decano y eso fue hace 50 años, un poco menos de los 110 dignos que acumula la autoría de Federico Carmona. Me formé con la mirada de Juan Carmona y las directrices de Salvador Macías. Transité muchos años empujado por el espaldarazo de Juan Manuel y Gustavo Carmona, hasta continuar este hermoso camino con los herederos de tanta vocación y honestidad, otro Juan Manuel y Carlos Eduardo. Me siento con derecho a combatir el abuso, la arbitrariedad de los inmorales. Si nos cierran El Impulso una parte de nuestra vida perecerá. Pero también morirá un trozo importante del periodismo larense y venezolano. Por eso hay que luchar con todas las fuerzas, con el vigor que genera la verdad y con la entereza que propone la razón.
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VENEZUELA no va a callar. La primera estrofa del “Gloria al Bravo Pueblo” tiene una vigencia infinita. Los arrestos de nuestra juventud pueden más que el ataque soterrado y atroz de una furia alimentada desde el extranjero por cultores del atropello y la muerte. El Impulso está acorralado pero jamás vencido. Los buenos boxeadores reaccionan, pasan los golpes y desarrollan sus mejores rounds al final del combate. Y en esta refriega del pundonor contra el belicismo, la corrupción, la mentira y el descaro, somos muchos los que forcejeamos impelidos por la infalible arma de la verdad y el sólido apoyo de los principios que nuestros contrincantes no pueden mostrar ni en sus desteñidas fachadas.
ESTE gobierno está en tiempo extra porque se derrumba solo. Ya no tiene fuerzas --- ni con los árbitros pitando descaradamente penales sobre faltas que no existen --- para sostenerse en la cancha ante una afición alborotada que reclama otro equipo que bien represente al país y no sea una caricatura de incapaces e indolentes. Solo que ni en el más recóndito de los escenarios uno se imagina al régimen perdiendo por forfait. Para ellos siempre será mejor comprar a los jueces y jugar con artimañas.
EL campeonato ha sido largo pero los hombres de fuelle siempre tienen mejor remate. Hemos ido a la rueda con una paciencia jobiana, pero en el embalaje siempre se imponen los que tienen la potencia incontenible del buen proceder.
LLEGÓ el momento de sacar recursos distintos al fuego criminal del rival. Hay que ganar punto por punto, marcar en defensa y mostrar que las buenas estrategias solo proceden de los corazones nobles, de las causas verticales. Esos muchachos recién firmados para el equipo de esta banca --- estudiantes untados de gloria --- llegarán al trono del éxito con el soporte de su enjundia mental, sus objetivos limpios, sin otro recurso que la certeza de luchar por un país diferente, donde los encargados de dictar sentencia no soplen un pito comprado, ni manejen las agujas de un reloj alterado, y mucho menos las planillas donde cada cierto tiempo se escriben con trampa los destinos de la nación.
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EL vinotinto venezolano quiere una selección que salga de sus entrañas y no de una intervención maléfica que nos lleva por la pendiente del desastre. Ustedes, los beisboleros, recordarán que en 1919 unos cuantos peloteros de los Medias Negras de Chicago vendieron la Serie Mundial. Y en el fútbol cotizados clubes entregaron su honra a cambio de dinero y títulos. En cada caso la alta traición fue castigada con sanciones de por vida. Quien tenga mejor cerrador ganará este juego, esta dramática final entre la verdad y la mentira. Y en el nombre de Dios juro que tenemos los mejores hombres y mujeres para la lid decisiva.
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